by Gerardo a. Hernandez Aponte (Author)
La mayor a de los estudios plantea que la Iglesia Cat lica puertorrique a se americaniz , conforme a una pol tica orquestada desde la Santa Sede para apoyar la americanizaci n de Puerto Rico. Americanizar la Iglesia hubiera significado configurar la estructura eclesi stica insular al modelo de la Iglesia Cat lica estadounidense, bajo los decretos del Tercer Concilio Plenario de Baltimore que ten an fuerza de ley para la Iglesia de dicha naci n. Despu s de haber realizado la consulta, exploraci n y an lisis de todos los acervos documentales disponibles en Puerto Rico, la investigaci n del presente libro se encamin hacia varios objetivos. Primero, entrelazar las dos coyunturas hist ricas: la Iglesia antes y despu s de la invasi n. Analiza c mo la crisis que enfrent la Iglesia en el 1898 no era s lo producto de los acontecimientos pol ticos del momento, sino tambi n resultado de un proceso de crisis interna que ya se hab a iniciado antes de la invasi n. Segundo, se expone una nueva explicaci n sobre la pol tica de la Santa Sede referente a la Iglesia en Puerto Rico desde la invasi n hasta la muerte de Monse or Jones. En otras palabras, qu papel jug la Santa Sede para salvaguardar la Iglesia y estabilizarla. Tercero, adem s de indagar las estrategias econ micas y sociales de la Iglesia, este estudio se enfoca en un punto olvidado y relegado por la historiograf a eclesi stica: los laicos. Se examina qu hizo la Iglesia para atender, atraer, educar, entusiasmar, evangelizar y motivar a este sector. De acuerdo con el autor, la Iglesia Cat lica de Puerto Rico de finales del siglo XIX se encontraba en una crisis institucional intensa, que se agrav con la invasi n estadounidense del 25 de julio de 1898. El gobierno estadounidense trat , por todos los medios, de reducir la influencia de la Iglesia Cat lica en beneficio del protestantismo y puso la mirilla de sus ca ones sobre ella. La Iglesia tuvo que enfrentarse, a la secularizaci n de los cementerios, a una libertad de culto dise ada como pol tica oficial del presidente William McKinley a favor de las nuevas misiones protestantes, a la expropiaci n de los edificios religiosos y, durante toda una d cada, a la confiscaci n federal de todos sus bienes inmuebles. La Santa Sede se percat de que, contrario a la tradici n democr tica estadounidense, la Isla no ser a anexada, sino mantenida como colonia, raz n por la que configur toda una estrategia diplom tica para enfrentar ese reto. La pol tica y visi n vaticana tuvo la misi n de mantener el perfil hispanoamericano de la Iglesia Cat lica de Puerto Rico y tratar de conciliar la lealtad de los nuevos eclesi sticos designados para la Isla hacia Estados Unidos de Am rica, mediante la selecci n de pastores estadounidenses. Este perfil hispanoamericano se un a, claramente, a la cosmovisi n puertorrique a en el sentido de que compart a, en com n con Am rica Latina, un conjunto de experiencias y valores propios tales como el idioma y la cultura en raz n de haber sido parte de Espa a. El traslado de Monse or Blenk al Arzobispado de Nueva Orle ns y la elecci n de Monse or Jones como nuevo obispo no constituy , en forma alguna, una pol tica americanizadora, sino una acci n pastoral diplom tica de la Santa Sede en defensa del catolicismo del Pa s.